04 marzo 2006

JACK TWIST Y ENNIS DEL MAR


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"Lo único que tenemos es Brokeback Mountain;
todo está construido sobre eso"

Siempre he pensado que el cine y la literatura son hermanos que nacen de una misma sensibilidad pero que crecen de distintas maneras. Durante el siglo XX han estado muy ligadas ambas e influidas en numerosas ocasiones la una por la otra y viceversa. En el pasado reinaron expresiones narrativas más puras y líricas como la poesía y la música sinfónica (menos accesibles a la mayoría de gente pero formalmente más puras, complejas y magistrales) mientras que hoy en día es la narrativa, historias contadas en lenguaje prosaico, el arte para las masas en definitiva, quien predomina. En este contexto, tras la aparición de la fotografía y al contrario que pasó con la pintura que tuvo que buscar una nueva visión del mundo que no fuera la del realismo apareciendo la revolución del cubismo, era lógico que se diera algo así como es el cine. Por lo tanto, la literatura y el cine en el siglo XX parten de una necesidad común de forma narrativa e incluso estructural, pero acaban hablando distintos dialectos. A mí el silencio siempre me pareció la mayor de las diferencias que entre ambas expresiones se daban.

El silencio siempre es la más sublime de las figuras narrativas del cine cuando se emplea con sabiduría. La literatura es capaz de sugerirlo pero nunca de llegar a cotas expresivas (qué paradoja) tan altas como cuando el cine lo sublima. Y Ang Lee logra hacer de Brokeback Mountain una obra maestra del cine en primer lugar por la medida de los tiempos y silencios que emplea para narrarnos la historia.

Hablemos de ese silencio. El silencio es inicialmente lo contrario a la expresión, es el contrapunto de lo explícito, es sinónimo de sugerir, de intuir, de mostrar pero no enseñar y es tal vez el recurso más difícil de dominar con acierto. Y mediante este recurso Ang Lee nos presenta a los que serán los protagonistas de la historia: mantiene el pulso de la secuencia durante unos minutos en los que no se median palabras; los gestos, las miradas, van introduciéndonos en la historia, en ellos, en un Ennis del Mar frío, duro, estereotipo de cowboy duro del sur de los EEUU intencionadamente inexpresivo. Le incomoda la presencia repentina de Jack Twist, del que nada sabemos salvo el contrapunto que rápidamente detectamos que es de la personalidad de Ennis; será él quién fije primero la mirada en el otro, será él quién inicie un acercamiento, el que abra la conversación entre ambos, será él quién en definitiva rehuya el silencio…

También el amor que entre ambos nace es cultivado desde el silencio. Las pocas líneas de diálogo que cruzan desde el principio no descubren nada, no aportan nada, son vacuas, intrascendentes. Es el silencio lo que importa: lo que no se dicen, lo que piensan, sus miradas. Sabemos que es cuando callan cuando la película importa. Hay una secuencia magistral contada desde este silencio: durante sus primeros días en Brokeback hay un momento en que desde un largo primer plano de Jack Twist adivinamos en el fondo de campo que Ennis del Mar se desnuda ajeno a imaginar que pudiera ser objeto de deseo de Jack; Ang Lee, huyendo una vez más de lo explícito hace que Jack mire a otro lado, pero de una manera tan sutil que sabemos que lo que realmente desea hacer es mirar. Sin decirnos nada, nos ha dicho todo lo que esta a punto de pasar. Rechaza lo fácil, que sería mostrar a un Jack mirando con deseo para genialmente decirnos lo mismo haciendo justo lo contrario. Quizás así también logre una mayor identificación del espectador con los protagonistas (nótese la cercanía del plano).

Y una vez que literalmente explota el amor entre ambos y se separen la historia se narrará a través de miradas soslayadas y ocultadas bajo sus sombreros, de sus recuerdos, de sus deseos… pero también del sufrimiento, de la frustración, del dolor…

Ennis del Mar es el silencio que oculta los sentimientos, un hombre perpetuamente enfadado por amar lo que no es capaz de aceptar, el hombre que no asume sus deseos o que por lo menos no se ve capaz de encontrar la manera de asumirlos y vivirlos, es el hombre que no sabe expresar sus sentimientos, es una isla en medio del mar (eso significa su nombre). Jack Twist es la voluntad de romper ese silencio, la expresividad luchando por abrirse hueco, por acabar con la introversión de Ennis, por llegar a hacer que éste acepte lo que es y se abandone al amor. Y Ennis finalmente lo hará, pero cuando sea demasiado tarde, cuando ante la falta de Jack se duela de aquello que no dejó o se atrevió a que pasara; cuando suspire en voz alta en esa preciosa y emotiva secuencia final

El otro elemento fundamental de la película es la naturaleza, objeto empleado por el director como símbolo, figura narrativa y expresión de lo que se nos cuenta. Así, la primera parte de la película corresponde al descubrimiento del amor de los protagonistas y se desarrolla entre inmensos parajes naturales (que buen sabor al cine de antaño del tipo “Esplendor en la hierba”) en los que ellos son parte indisoluble de ella. El amor surge en medio del paraíso o edén (¿han visto la última de Terrence Mallick?); las enormes, imponentes y nevadas montañas, los valles y laderas magistralmente fotografiados, el agua...elementos inmensamente naturales que parecen dotar de una enorme fuerza telúrica que emana desde el fondo de la tierra a su historia de amor. Para esta parte emplea Ang Lee planos panorámicos, amplios y lejanos que dotan de infinitos espacios alrededor de los personajes como metáfora de libertad en medio de la naturaleza salvaje, lejos de cualquier opresora sociedad.

Sin embargo, en la parte que le sigue, donde su historia de amor ha de ser vivida como algo oculto y al margen de los demás Ang Lee cambia el retrato: planos cortos, cerrados, asfixiantes, en medio de terrenos áridos, secos, molestos. El hueco que en esos momentos tiene su amor no tiene apenas cabida ni en el campo de visión de los planos de la cámara. Apenas hay luz, abundando la artificial en contraste con la natural de las escapadas a la libertad de Brokeback, como tan bien simboliza esa secuencia en el callejón mexicano donde Jack desaparece tras la oscuridad para saciar el prohibido y frustrado deseo que siente. ¿Recuerdan la secuencia final en la que Ennis del Mar suspira de amor aún por Jack a pesar del tiempo pasado tras su desaparición? Tras mirar la camisa de Jack por la que suspira, la cámara posa su atención sobre la foto que a su lado guarda de la montaña donde vivieron en libertad su amor; inmediatamente termina la película con un plano mantenido sobre la ventana de la habitación en la que sólo se vislumbra un terreno exageradamente plano, y seco en contraste con la montaña que acabamos de ver: es la más clara metáfora de que en la vida de Ennis ya solo queda el hueco que Jack ha dejado a su corazón.

Ya he hablado de los dos protagonistas de la película: el silencio y la naturaleza y también del conjunto de miradas, palabras, amor y dolor que dibujan la película. He hablado de algunas metáforas, de sus símbolos y de la genial mirada del director. Faltaría mencionar algún momento sublime digno de citar de la película. Me gustaría resaltar la inteligencia del director: bajo mi punto de vista cuenta una historia completamente transgresora sin formalmente serlo, se sirve de una clásica estructura y estilo formal para tal vez hacernos más fácil la identificación con la historia y personajes y lograr hacernos conmover de verdad. Tan sólo en un par de momentos (como mi buen amigo Sansar opina, creo que acertadamente) se sale Ang Lee de este pretendido e intencionado esfuerzo de identificación: cuando el capataz les descubre “jugando” en la montaña evidenciando el paroxismo de la situación a través de sus ojos (o prismáticos) y cuando la mujer de Ennis les descubre besándose frenéticamente hasta casi la exageración haciéndose muy difícil también la identificación. Son los momentos en que Ang Lee nos aleja de los personajes donde tan cercanamente hemos estado durante toda la película para verles a través de los ojos de la sociedad, en un alarde tal vez del director de hacernos ver lo que está logrando que aceptemos y que desde fuera nos resulta tan natural rechazar. Ang Lee además exagera la demostración de pasión entre ambos en esos momentos con esta intencionalidad. Por otro lado creo que Ang Lee también demuestra lo inteligente que es sabiendo que esta hermosa historia de amor no tendría interés alguno ni la mitad de fuerza si no fuese un amor entre dos hombres. Su reto no es emocionarnos ante una historia de amor. Su reto es lograr que de algo que instintivamente rechazáramos acabemos sintiéndolo, viviéndolo, sufriéndolo y finalmente emocionándonos con ello.

Tal vez Brokeback Mountain sea en cierto modo una obra representativa de nuestros tiempos. Tal vez sea claro ejemplo de ello cómo logra que finalmente todos suspiremos de pena con Ennis cuando se abraza a los restos de ese amor perdido en el tiempo…


31 diciembre 2005

¿EN QUÉ AÑO VIVIMOS?

...Y bueno...ya apuramos los últimos minutos de este 2005 y vamos inevitablemente camino del 2006. Como en años anteriores, viviremos la sensación de que una etapa muere para dar a nacer otra nueva. Balances, recuerdos, promesas, planes, deseos...todo confluye en esta noche, al son de 12 campanadas y todos nos acostaremos (antes o después) con el convencimiento de que empezamos a escribir una nueva página.

Sin embargo, no todos vivimos en el 2006.

Los chinos por ejemplo, se rigen por las fases lunares y solares, ya que el año nuevo comienza tras la segunda luna nueva después del solsticio de diciembre, por lo que su año nuevo varía de fecha cada año, aunque casi siempre coincide con el mes de febrero. Son fiestas muy importantes para la cultura china; de hecho, su celebración dura dos semanas. La noche anterior a su fín de año se limpian las casa de utensilios que ya no se usarán más y todo el mundo saldará sus deudas. Una vez en la cena los niños reciben sobres rojos con dinero, cuya cantidad debe de ser siempre número par, pues para la cultura china es símbolo de buena suerte, salvo el número 4 que significa muerte. El año se despide con tracas de petardos que ahuyentarán los malos espíritus y darán cabiDa a nuevos y mejores. Actualmente estamos en el año 4702 chino, ya que empiezan a contar desde el nacimiento del primer emperador de China. Es el año del gallo.



Los árabes, sin embargo, se rigen por un calendario extrictamente lunar por lo que cada año suyo lleva 11 días más que el solar. Así, un mes lunar, a lo largo de los años, transcurre por estaciones distintas, debido a la rotación de éstos. Su celebración del año nuevo comienza en el momento en que se vislumbra la primera porción de luna tras la luna nueva una vez cumplidas las 12 fases lunares que componen un año. Como la comunidad islámica hoy en día tiene una extensión geográfica descomunal por casi todos los continentes, se ha unificado la celebración a una única fecha, evitando celebraciones en momentos diferentes que restarían simbolismo a la ceremonia. Para celebrarlo decoran las casas con trigo, cebada y lentejas como símbolo de prosperidad. Actualmente estamos en el año 1426 islámico, ya que empieza su calendario con la Hégira, es decir, en el 16 de julio de 622 d.c. cuando Mahoma emigró con los primeros fieles a La Meca.



Los hebreos también emplean un calendario extrictamente lunar. Sin embargo, el suyo es un calendario extremadamente complicado. Tienen 3 años regulares de 353, 354 y 355 días y también 3 años embolísmicos (bisiestos) de 383, 384 y 385 días. Para ajustar las cuentas emplean dos meses de regularización llamados kislew y marjeshván. El cálculo del año nuevo es extremadamente complejo en comparación con otras culturas o religiones: "Se debe celebrar en el Moled que sigue inmediatamente al equinoccio de otoño. Pero al tener que caer en determinado día de la semana, y al contar desde la salida de la luna, y no desde el inicio del día (a las 6 de la tarde) los desplazamientos resultantes son considerables". Las celebraciones son precedidas por una semana de oraciones de penitencia, y 10 días después de los festejos llegará la jornada de máxima expiación y ayuno: el Yom Kipur. Esa jornada es la más sagrada para el calendario hebreo, ya que es cuando se cree que el Creador inscribe, o no, a los creyentes en el "Libro de la Vida", por lo que una de las felicitaciones del año nuevo es: "Que seas inscrito". Esta noche, en los hogares judíos de Israel y de todo el mundo los comensales bendecirán la llegada del nuevo año deseándose "Shaná tová u metuká" (Feliz y dulce año nuevo) y comerán rodajas de manzana bañadas en miel para que el próximo año "sea lo más dulce" posible. Su calendario comienza, según el rabí Samuel estipuló, en el mismo día de la Creación del mundo (ahí es nada...) , que según la cronología bíblica data del 7 de septiembre de 3761 a.c. Por lo tanto, los hebreos viven actualmente en el año 5.766.



Los Budistas celebran su nochevieja el 31 de diciembre también; los templos budistas despiden el año con una campana que los transeúntes van haciendo repicar hasta 108 veces, una por cada mal existente en el mundo, para así purificar su karma de cara al nuevo año. Luego, el día de Año Nuevo (Losar), es tradicional hacer una peregrinación a un templo budista donde se hacen y escriben votos para el año entrante. Los budistas comienzan su calendario con la extinción de Buda en la India, por lo que actualmente el año budista tibetano es el 2.548.



En la India, los hindúes celebran la Nochevieja en distintas épocas del año, dependiendo del lugar donde vivan y la rama del hinduísmo que practiquen. En el védico las celebraciones tienen lugar en las casas, que se limpian y decoran y se intercambian obsequios. Es una fiesta de luces vinculada con Kali (diosa de la buena suerte) que visita toda casa iluminada por una lámpara. Actualmente estamos en la Kaliyuga que comenzó en el año 3102 antes de Cristo. Sin embargo, según el calendario hinduísta de Shalivahan Shaka estamos en el 1.914, según el hinduista de Vikrama Shaka es el 2.048 y según el Yudhistira Shaka estamos en el 7.505...



Como podeis observar la medición del tiempo, el empeño en dotar de significado existencial al paso de éste, la voluntad de otorgar un fín y un principio dónde se eliminen periodicamente los males que arrsatramos y los renovemos por deseos y buenas voluntades para los tiempos venideros, es algo común al hombre y su historia.



Lo que no entiendo es como es posible que habiendo mas de 12 años nuevos en el mundo al año y de manera continua, con sus correspondientes nuevos deseos de paz y amor, al final el mundo esté siempre esté a hostia limpia...



Feliz 2006 a todos.

16 diciembre 2005

LLAMANDO A LAS PUERTAS DEL CIELO


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«Los tiempos están cambiando, Billy»
«Los tiempos pueden que hayan cambiado, pero yo no»

¿Puede una película ser una balada?

Sí, y más si quién la rueda es Sam Peckimpah y quien la canta es Bob Dylan.

“Pat Garrett and Billy the Kid” es eso: una crepuscular crónica cantada en tono de balada por un personaje llamado Alias, que no es otro más que Bob Dylan. Éste, un cronista que narra desde la mirada de Sam Peckimpah cómo “los tiempos están cambiado”, nos mostrará el empeño de Pat Garrett en matar a su viejo amigo Billy por encargo de los nuevos terratenientes que darán fín al viejo y legendario oeste.

Esta obra maestra de Sam Peckimpah sobrepasa (como suele pasar con las grandes obras) el propio género del que se sirve, el western, para narrar no sólo ese cambio de los tiempos que corren, sino cómo dos personas antes unidas por la amistad y la libertad se verán ahora enfrentados por la manera personal que cada uno decida escoger para sobrevivir a los nuevos tiempos que vienen: por un lado la de Pat Garrett, que acepta acabar con Billy para poder imponer la ley de los nuevos tiempos; y por otro lado la de Billy, que renuncia a traicionar su manera de ser, su libertad, tratando de huir a la frontera de México donde espera encontrar ese último refugio donde poder seguir siéndose fiel. Si Pat avisaba al comienzo de la película a Billy de que en 5 días dejará de ser su amigo porque le tiene que matar, Billy, sin embargo, responde un rato después a alguien que le pregunta que por qué no le mata antes él: “Porque es mi amigo”.

A partir de aquí se desarolla el resto de la película: melancólica, crepuscular, reflexiva, legendaria. Bob Dylan aparece caracterizado en el papel de Alias, asumiendo marcar no sólo el tono de la película sino también el ritmo de ésta a través de sus baladas, que no son más que una crónica de cómo estos personajes encaran el sino de los nuevos tiempos. “Los tiempos están cambiando Billy, te quieren matar porque eres demasiado libre” canta Dylan; y mientras, Billy huye a la carrera dejando atrás a todo su pasado, a todos esos viejos amigos que poco a poco van traicionándole ante la perspectiva de no desaparecer también ante los cambios que acechan.


Billy sabe que, en realidad, nadie le va a poder seguir en su empeño de encontrar el último lugar donde sobrevivir acorde con su honor y esencia. Se sabe ahogado por los nuevos tiempos. Quizás por eso decida abandonar a sus camaradas para huir a México, donde habita un viejo amigo campesino mejicano, lejano a las nuevas leyes de parcelación de tierras que quieren acabar con el viejo y legendario oeste. Quizás por eso, cuando éste muere en sus brazos bajo las balas de los parceladores de tierras es cuando entiende que ya no hay lugar para él en el nuevo mundo que se le presenta; Billy representa a los libres y a las minorías que serán eliminadas por los poderosos. Entendiendo que nada se puede hacer ya frente a ellos decide volver para encontrarse con su destino. Un destino al que se encamina tranquilamente, para dejar que sea el viejo amigo Garret el que lo lleve a cabo.


La búsqueda de Garret, sin embargo, no entiende de prisas. Pat sabe que, poco a poco, los nuevos tiempos dejarán cada vez menos espacio de refugio a Billy. Por eso decide perseguirle siguiendo su estela: su pasado. Irá tras los compañeros que va dejando atrás Billy en su huída. «Cuando matas a un hombre, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podía haber tenido» afirma Billy en un momento de la película. Por eso Garret va poco a poco eliminado a sus viejos camaradas, va matando así su pasado, pero también está matando el suyo propio, pues es el que compartió con su antiguo amigo. Pat sabe que matará a Billy. Pero también sabe que matando a éste, habrá acabado por matar el último lazo que le une a su propio pasado. Acabará, por lo tanto, matándose a sí mismo también, tan genialmente escenificado de manera metafórica en la famosa escena del espejo en la que tras matar a Billy dispara a su propio reflejo, mostrando así también el desprecio que siente por lo que acaba de hacer. Un desprecio también mostrado por el director en numerosas ocasiones a lo largo de la película, como cuando interpreta él mismo al enterrador que se encuentra con Pat y sabe que ha encontrado a Billy para matarle y le increpa: “¿Cuándo aprenderá que no se puede fiar uno de sí mismo? ¡¡Es usted un puerco y un hijo de puta, Pat!!”. O el mismo desprecio que, ya una vez consumada la traición, cablagando Pat Garrett hacia el crepúsculo, sufre cuando el niño le arroja barro por haber matado a Billy.


Por el camino han quedado escenas memorables para la historia del cine como, por ejemplo (y de entre todas mi favorita), la muerte al amanecer del viejo con el tiro en el vientre, caminando mientras le observa entre lágrimas su mujer, hacia esas aguas por las que un día pensaba dejar todo atrás, nuevamente acompasado por las notas de Bob Dylan.
Finalmente, Billy decide esperar a su destino entre los brazos de la hija del campesino. Sabe que no le queda más remedio que desaparecer con el fin de una época. Y allí le encuentra Pat, que le matará consumando la traición. Desde ese momento Billy se convertirá en leyenda. Una leyenda tan grande como ver a Bob Dylan cantándole “llamando a las puertas del cielo” o, lo que es lo mismo, “Knockin' on heaven´s doors”


10 octubre 2005

(DES) ENCUENTRO DIGITAL

Y llevaba meses sin faltar a una sola cita de las que Carlos Boyero nos regala para impartir cátedra (tanto de su ilimitado conocimiento, como de su pasión por el gran cine, la buena literatura y la mejor música) tratando de, por una vez, poderme encontrar frente a a él para tener la oportunidad de preguntarle cualquiera de las cuestiones que siempre le quise plantear.

Cada jueves, a las 13:00h, hora peninsular, una y otra vez, hasta 100 veces, insistía mandándole la misma pregunta, escrita de mil y una maneras distintas, pero la misma pregunta al fin y al cabo. Y una y mil veces era ignorado en mi infinito empeño...

En el último estertor, ya cansado y dado por vencido, decidí improvisar a última hora y con lo primero que se me ocurriera; y quiso la poderosa casualidad que ese fue el día en que decidió echarme cuentas.

¿El resultado?:

PREGUNTA: Carlos...¿cómo puedes decir que Leone es lo peor que le ha pasado al Western después de ver "El bueno, el feo y el malo"? Si no fuera pq el 90% de tus opiniones son cátedra para mí pensaría que ese día que lo dijiste estabas en medio de "un mal viaje". Un abrazo carlos, eres un crack.

RESPUESTA: Voy más lejos. No sólo es lo peor que le ha pasado al western sino una de las peores cosas que le han ocurrido al cine en general. Y repito que algunos momentos de "Érase una vez en América" me hacen llorar. Otro abrazo para usted, pero empieza a mosquearme con este feroz desencuentro sobre el impostor y frívolo Sergio Leone.


...Pues como el propio título de este blog dice: Un improvisado desencuentro...

Eso sí, el jueves, a las 13:00h, como desde hace mucho tiempo, ahí estaré de nuevo...para quitarme ante este señor el sombrero

06 julio 2005

BARAKA

No lo vamos a negar. Si la gente viera todos los documentales que dice ver, la 2 batiría records de audiencia suficientes como para resolver la crisis financiera de la televisión estatal y comprar unas 4 o 5 más. El documental, mal que nos pese, es un género menor del que gusta mucho presumir y poco disfrutar. Por lo tanto, el documental, si bien es quizás el género que plantee una visión más objetiva, directa y didáctica del mundo que nos rodea, es el menos preferido por el público general para tener una visión de algo, ya sea este algo la vida salvaje de la foca monje en Mauritania o bien algo más trascendente como mostarnos a nosotros, pequeños y sedentarios mortales, cómo es el mundo en el que vivimos.

Sin embargo, como en todo género, por menor que éste sea, siempre hay una joya u obra maestra que trasciende más allá del género del que se sirve. Y eso es lo que pasa con Baraka. Y lo siento por los que presumen de participar en los ratios de audiencia de canales como Discovery Channel, Documanía, etc...sin ser cierto que lo hagan, e incluso por los que directamente niegan interesarse por cualquier tipo de documental; lo siento porque se pierden un asombroso, por no decir maravilloso, documental que nos enseña,esta vez sí, nuestro mundo de una manera tan global, directa, y llamativa que no sólo produce el deleite de quién lo mira por su bella plásticidad (impresionante) sino por las fibras y reflexiones que como el Significado del título dice llega a sutilmente tocar.

Baraka es una visión del mundo. Y Baraka es una reflexión sobre el mundo.

Nos muestra la naturaleza en su más espectacular expresión. Rincones inapelables de maravillosos que se presentan: Selvas tropicales vírgenes, deshielos
de las nieves del himalaya tibetano, cisternas naturales colosales de volcanes latentes, desiertos tan abstractos como extensos y aformes...pero también nos muestra algo de los que viven en estos y otros marcos, y habla también de los que vivieron.

El lenguaje que emplea es sencillo y a la vez coplejo. Es Sencillo en sus formas, sencillo respecto a que solo emplea dos elementos: la imagen y la música. Complejo porque lo emplea con tal maestría que sería como decir a Shakespeare que era sencillo porque usaba sólo letras. Las imágens son de tal arrebatadora belleza que uno entra casi durante hora y media en trance dejándose llevar por la sucesión de éstas hipnotizado por una perfectamente integrada banda sonora. Aunque el truco real de esta increible fotografía es la visión que emplea el director: la majestuosidad de la naturaleza, que retrata inmensa, viva, colorida, espectacular...visión que comparte de forma paralela al mostrar lo colosal (a la vez que antinatural) de la civilización que el hombre ha construido.

Sólo en este radical contraste uno SIENTE lo artificioso del mundo que creamos, pero también del daño que al otro, el natural, el que siempre estuvo ahí (y capaz por sí solo de mayoes maravillas) le producimos. Cada secuencia es terminada con un plano mantenido en silencio durante largos segundos de algunos de los protagonistas de estos contextos: la inquietante mirada temerosa de un mono en medio del extraño mundo que le rodea, la dolorosa mirada del nativo amazónico traspuesto por la cruel tala masiva de su entorno, las colegialas uniformadas en medio de la marabunta de civilización hacinada en el metro bajo tierra de Japón...

También resulta emotiva la visión del director a la hora de destacar al hombre como el únioco ser espiritual que habita la tierra, haciendo un bello recorrido por las diversas religiones y ritos que habitan el planeta y las bellezas que a partir de ella se han logrado. Y de aquí es de donde parte la última y quizás mas inquietante reflexión, en la que desde las imágenes de las grandes ruinas religiosas de nuestras antigüas civilizaciones tales como templos camboyanos en mitad de la selva, las antiguas pirámides egipcias en mitad del desierto, templos mantras al borde del ganjes o los resquicios de los maravillosos antigüos templos persas, uno quizás se plantee en qué momento de su historia el hombre dejó atras la armonía entre él, su espiritualidad y la naturaleza...

Baraka es un documental, que todo ser racional del planeta debería ver. O mejor dicho, Baraka es una reflexión más allá de la moral, que todo ser racional debería obligatoriamente resolver.

01 junio 2005

ROMPIENDO LAS OLAS

Hay películas que producen tal vorágine de sentimientos, tan complejos, indefinidos, tan nuevos y profundos, que dejan a uno traspuesto durante días, es decir, le ponen a uno del revés. Esto suele ocurrir con aquellas obras maestras que huyen de la sencillez de los sentimientos estereotípicamente definidos, que buscan conmover desde la pureza y autenticidad que significa exprimirlos, dotándolos de kilates de realidad y profundidad. En definitiva, con aquellas películas que se crean desde la honestidad.

Y partiendo de esto me encuentro con que "Rompiendo las olas" es una obra maestra.

Compleja.

Honesta.

Profunda.

Auténtica.

Insólita.

Tremenda.

Conmovedora.

Inquietud. "Rompiendo las olas" es una película que produce sobre todo inquietud. Una enorme inquiteud por las infinitas sensaciones, reflexiones y sentimientos que nos dibuja. "Rompiendo las olas" es una película que te golpea secamente desde dentro.

Es una película que habla de la fé. Pero también del amor. Y además habla a la vez de las dos.

Habla de una bella, a la par que tan débil como buena, persona que padecerá una enfermiza y exacerbada hasta la esquizofrenia Fe en Dios. Una Fe que marcará otra por igual enfermiza y exacerbada, pero pura, historia de amor. Un amor que acabará por convertirse primero en Fe, después en religión, y finalmente en redención. Un existencial y doloroso viaje, en definitiva, hacia la sorprendentemente por lúcida última reflexión de la que la protagonista, en su doloroso existencial viajar es capaz: No es la Fe en las palabras lo que importa, lo que importa es la fe en el hombre, en el amor. Pero para entonces ella ya se ha convertido en una mártir, repudiada, apedreada, demonizada y condenada por una fe, que repito, destruye al hombre que de forma natural descubre la fe en el el hombre y en el amor.

Y qué maravilla de formas, tan naturales como contundentes, se emplean para contar la historia sin concesiones. Todo lo que se narra en esta película es realista y veraz. No hay artificios, solo elementos naturales que son metáforas de las volcánicas sensaciones y sentimientos que los protagonistas sienten, expresan y padecen.

El viento, las rocas, las olas, el mar...

Es el viento el que expresa la levitante pasión de unoss recién enamorados que se sienten volar contra él; el mismo ensordecedor y ruidoso molesto viento que desde el helicóptero, unas secuencias después, creará la distancia entre los dos.

Es el aire el que ruge siempre con sobrenatural y sobrecogedora furia, como si se tratara de la fuerza del amor, o de Dios, o de los dos.

Es el mismo aire que rompe las olas violentamente contra las rocas, expresando el agonizante interior de una débil amante (a la postre tan fuerte como ténaz)gritando llena de locura al borde del acantilado todo su dolor.

Es la luz (siempre natural) la que inunda los paisajes dándoles color, señalando tal vez la presencia de Dios. Una luz que, sin embargo, se ausenta en cada una de las secuencias del interior de esa sobria e inquietante iglesia, donde cuyo único sentimiento que aflora es la cerrradez y el temor.

Entremedias de todo esto, uno llorará, otras sonreirá, otras reflexionará, otras se impresionará, OTRAS SE RETORCERÁ...la película es un duro y sin concesiones ni remilgos viaje a los extremos de los sentimientos, que no concede tregua en su dureza y realidad.

Sólo en su más que bello desenlace, donde el sacrificio por amor de la vida de Bess curará a Jan, al unísono de las milagrosas campanadas del final, uno se permite el respiro de suspirar de amarguísima compasión.

Por lo demás, uno se tirará días digeriendo y tratando de procesar y definir los inexpresables y complejos sentimientos y planteamientos que la película sin esperarlo, nos acaba de descubrir.

Si esas campanadas son un milagro...¿No estába loca entonces Bess? ¿Hablaba realmente con Dios? ¿Condece salvar a Jan a través de su sacrificio y pasión? ¿Es Dios cruel?...

...