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«Los tiempos pueden que hayan cambiado, pero yo no»
¿Puede una película ser una balada?
Sí, y más si quién la rueda es Sam Peckimpah y quien la canta es Bob Dylan.
“Pat Garrett and Billy the Kid” es eso: una crepuscular crónica cantada en tono de balada por un personaje llamado Alias, que no es otro más que Bob Dylan. Éste, un cronista que narra desde la mirada de Sam Peckimpah cómo “los tiempos están cambiado”, nos mostrará el empeño de Pat Garrett en matar a su viejo amigo Billy por encargo de los nuevos terratenientes que darán fín al viejo y legendario oeste.
Esta obra maestra de Sam Peckimpah sobrepasa (como suele pasar con las grandes obras) el propio género del que se sirve, el western, para narrar no sólo ese cambio de los tiempos que corren, sino cómo dos personas antes unidas por la amistad y la libertad se verán ahora enfrentados por la manera personal que cada uno decida escoger para sobrevivir a los nuevos tiempos que vienen: por un lado la de Pat Garrett, que acepta acabar con Billy para poder imponer la ley de los nuevos tiempos; y por otro lado la de Billy, que renuncia a traicionar su manera de ser, su libertad, tratando de huir a la frontera de México donde espera encontrar ese último refugio donde poder seguir siéndose fiel. Si Pat avisaba al comienzo de la película a Billy de que en 5 días dejará de ser su amigo porque le tiene que matar, Billy, sin embargo, responde un rato después a alguien que le pregunta que por qué no le mata antes él: “Porque es mi amigo”.
A partir de aquí se desarolla el resto de la película: melancólica, crepuscular, reflexiva, legendaria. Bob Dylan aparece caracterizado en el papel de Alias, asumiendo marcar no sólo el tono de la película sino también el ritmo de ésta a través de sus baladas, que no son más que una crónica de cómo estos personajes encaran el sino de los nuevos tiempos. “Los tiempos están cambiando Billy, te quieren matar porque eres demasiado libre” canta Dylan; y mientras, Billy huye a la carrera dejando atrás a todo su pasado, a todos esos viejos amigos que poco a poco van traicionándole ante la perspectiva de no desaparecer también ante los cambios que acechan.
Billy sabe que, en realidad, nadie le va a poder seguir en su empeño de encontrar el último lugar donde sobrevivir acorde con su honor y esencia. Se sabe ahogado por los nuevos tiempos. Quizás por eso decida abandonar a sus camaradas para huir a México, donde habita un viejo amigo campesino mejicano, lejano a las nuevas leyes de parcelación de tierras que quieren acabar con el viejo y legendario oeste. Quizás por eso, cuando éste muere en sus brazos bajo las balas de los parceladores de tierras es cuando entiende que ya no hay lugar para él en el nuevo mundo que se le presenta; Billy representa a los libres y a las minorías que serán eliminadas por los poderosos. Entendiendo que nada se puede hacer ya frente a ellos decide volver para encontrarse con su destino. Un destino al que se encamina tranquilamente, para dejar que sea el viejo amigo Garret el que lo lleve a cabo.
La búsqueda de Garret, sin embargo, no entiende de prisas. Pat sabe que, poco a poco, los nuevos tiempos dejarán cada vez menos espacio de refugio a Billy. Por eso decide perseguirle siguiendo su estela: su pasado. Irá tras los compañeros que va dejando atrás Billy en su huída. «Cuando matas a un hombre, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podía haber tenido» afirma Billy en un momento de la película. Por eso Garret va poco a poco eliminado a sus viejos camaradas, va matando así su pasado, pero también está matando el suyo propio, pues es el que compartió con su antiguo amigo. Pat sabe que matará a Billy. Pero también sabe que matando a éste, habrá acabado por matar el último lazo que le une a su propio pasado. Acabará, por lo tanto, matándose a sí mismo también, tan genialmente escenificado de manera metafórica en la famosa escena del espejo en la que tras matar a Billy dispara a su propio reflejo, mostrando así también el desprecio que siente por lo que acaba de hacer. Un desprecio también mostrado por el director en numerosas ocasiones a lo largo de la película, como cuando interpreta él mismo al enterrador que se encuentra con Pat y sabe que ha encontrado a Billy para matarle y le increpa: “¿Cuándo aprenderá que no se puede fiar uno de sí mismo? ¡¡Es usted un puerco y un hijo de puta, Pat!!”. O el mismo desprecio que, ya una vez consumada la traición, cablagando Pat Garrett hacia el crepúsculo, sufre cuando el niño le arroja barro por haber matado a Billy.

Por el camino han quedado escenas memorables para la historia del cine como, por ejemplo (y de entre todas mi favorita), la muerte al amanecer del viejo con el tiro en el vientre, caminando mientras le observa entre lágrimas su mujer, hacia esas aguas por las que un día pensaba dejar todo atrás, nuevamente acompasado por las notas de Bob Dylan.
Finalmente, Billy decide esperar a su destino entre los brazos de la hija del campesino. Sabe que no le queda más remedio que desaparecer con el fin de una época. Y allí le encuentra Pat, que le matará consumando la traición. Desde ese momento Billy se convertirá en leyenda. Una leyenda tan grande como ver a Bob Dylan cantándole “llamando a las puertas del cielo” o, lo que es lo mismo, “Knockin' on heaven´s doors”…




